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viernes, 1 de abril de 2011

EL PODER CONSTITUYENTE: POLÍTICA ECOLÓGICA PARA DEFENDER LA BIODIVERSIDAD

JOSÉ M. MOJICA, ANGÉLICA ORTIZ,
ALEXANDER GÓMEZ, WILSON WALTER Y ALBEIRO PULGARÍN
Semillero de Estudiantes coordinado por el Profesor Albeiro Pulgarín, miembro de GECIPAP

Queremos agradecer en primer momento la oportunidad que nos ha dado la Revista EOLO; por permitirnos compartir reflexiones que nos lleven a defender la biodiversidad, en la búsqueda siempre inconclusa de posibilidades históricas que garanticen una administración de las ciudades con un enfoque ambiental, respecto a los recursos naturales y la diversidad territorial. Desde nuestros estudios en ciencia política vemos que pueden aportarse algunas herramientas que ayuden a pensar alternativas para la construcción de un futuro habitable en nuestro planeta, con el objeto de realizar las acciones necesarias para afrontar el desastre ambiental que experimentamos hoy.

Madre Tierra
Para que la Madre Tierra
no muera
volvamos a danzar
alrededor del Sol
y de la Luna
la danza del cóndor
la serpiente
el venado
dejemos que nuestros corazones
se desborden en cataclismos
y engendremos el vacío
con nuestras palabras
dialoguemos en círculo, en el día
y en media luna, en la noche
hablemos en tiempo de ayer
de ahora y de mañana
con nuestros Yayas
y nuestros Wawas
encendamos con nuestro futuro
los contornos
de todos los caminos
avancemos como águilas
a través de todas las vicisitudes
e imprimamos en ellas
la armonía de nuestros sueños
Vigilemos con los más
sofisticados radares
la integridad de sus venas
su aliento, su espíritu
sus manos, sus manos
constructoras
del futuro
del sueño
la ternura
del hermoso murmullo
de la vida.

Ariruma Kowii
(Nación Quechua, Ecuador)

PENSAR EN UNA POLÍTICA ECOLÓGICA
Uno de los principales problemas que trae consigo la epistemología moderna, es decir, el estudio teórico del conocimiento, radica en negar toda mirada de conjunto de la vida. Ha clasificado, por un lado, las ciencias exactas y, por otro, las ciencias sociales, como si tratara de dividir las ciencias y prácticas sociales siempre en esferas diferentes sin nada en común, sin una relación mutua, sin un fin ni proyecto de afirmación de la vida del ser humano y del mundo mismo. Así, por ejemplo, ha mostrado muchas veces como totalmente distintas y dispares las relaciones comunes que pueden establecerse entre la ecología y la política.
Esta epistemología moderna afirma un único método de adquisición de saberes, que termina por desconocer múltiples posibilidades en la creación del pensamiento y del saber humano, más aun, niega toda posibilidad de movimiento de conjunto. Esto significa, que la negación del movimiento de conjunto por esta epistemología moderna, lleva a omitir las relaciones entre los hombres y la naturaleza, las cuales establecen un escenario antropológico a través de una concepción que integra el mundo desde las múltiples interacciones, que constituyen el hábitat de todas las especies del planeta.
Mas, por otro lado, este no es simplemente el problema pues se terminaría aceptándose de una u otra forma que la clasificación de la epistemología es la única que debería solucionarse, la misma que fragmenta todo lo que rodea y está en el mundo. El problema real es de gran magnitud. Lo que está en juego somos los seres mismos en nuestro hábitat. Las necesidades y problemas que el mundo presenta como desafío al ser humano le exigen a éste la búsqueda de esa conexión perdida, de ese movimiento de conjunto, de ese proyecto común que afirme la vida en todo su esplendor sin negación ni fragmentación alguna. Todo ello, sin embargo, consiste en cómo realizar las posibilidades efectivas de tratar el deterioro del medio ambiente que se ha creado en nuestro entorno, en el hábitat, en el ecosistema.
Ahora bien, es un movimiento de conjunto el que puede ser una solución efectiva, donde la tierra es el lugar donde se manifiesta la vida y la muerte en toda su plenitud. Pues nadie negaría hoy, por ejemplo, en el caso de extinción o muerte de un ser viviente, cuando realmente éste muere, todo rastro de vida desaparece en él, es decir, todo lo que en la modernidad se llama diversidad biológica o todo lo que lo constituye internamente deja de vivir: muere su vida molecular, subcelular, celular, tisular, organológico, individual, poblacional, etc. Mientras que por otro lado, si le afirmamos la vida a este ser y la conservamos, todo en él sin exclusión alguna, vivirá. Así, pues, la muerte y la vida son movimientos de conjunto, sin embargo, está en cada ser humano elegir ya sea el movimiento de muerte o de vida; si elige el de muerte todo en él estará destinado a la muerte, pero si por el contrario, elige el de la vida, será él mismo el que vive.   
Es en este sentido que la ecología y la política, tomando la elección por la afirmación de la vida, no se excluyen mutuamente sino todo lo contrario, se integran en la necesidad de comprender el mundo, en la búsqueda siempre inconclusa de acciones para afrontar el mejoramiento y preservación de ésta, de la vida, en la que está inserta el ser humano mismo. La ecología estudia el ambiente de todos los seres vivientes, sus interacciones y sus fenómenos vitales, y obviamente, el ser humano hace parte de este conocimiento. La política aborda las relaciones interpersonales de los hombres, sus relaciones de poder, las formas de construcción de sociedad y, por lo tanto, las acciones de intervención que éstos hacen consciente e inconscientemente a su medio ambiente, a su hábitat, a su ecosistema. Así, por ejemplo, si el ser humano destruye su hábitat, su lugar de pertenencia, su territorio, su ecosistema y todo su entorno es claro que, sin desconocer a los otros seres vivientes que habitan la tierra, el mayor afectado es el mismo ser humano. De aquí que cuando algo comienza a estropearse en la tierra, la ecología y la política, se tengan que preocupar mutuamente con ahínco en buscar soluciones no solamente posibles sino efectivas, o sea, radicales, con una mirada de conjunto de afirmación de la vida.

miércoles, 2 de marzo de 2011

MAX WEBER Y EL CONTEXTO POLÍTICO-ESTATAL COLOMBIANO

Por Edgar Ramirez Monsalve
Profesor titular Universidad nacional de Colombia sede Medellín
Doctor en Educación y Sociedad, Universidad de Sevilla, España
Miembro de GECIPAP



Sociólogo  alemán -1864-1920- , incursionó en estudios de Economía, Derecho Política y Religión, ejerció docencia universitaria en varias universidades  – entre ellas la de Viena y Munich-, intentó sin éxito la formación  de un partido  alemán que combinase ideas socialdemócratas y liberales y participó activamente en el proceso  político constitucional de la redacción de la carta de Weimar.

Con Carlos Marx, Vilfredo Pareto y Emilio Durheim entre otros, se le considera uno de los clásicos del pensamiento sociológico moderno e iniciador de las corrientes antipositivistas de  las ciencias sociales, la sociología de Weber es una sociología comprensiva de carácter hermenéutica de connotaciones idealistas. Para teóricos contemporáneos de la política, como Norberto Bobbio, es el último Clásico  de la filosofía política.                 

En los textos Economía y Sociedad y La Formación del Espíritu del Capitalismo y la Ética Protestante, dio una idea comprensiva sobre el desarrollo del mundo capitalista, estableció variables explicativas de la aparición, desarrollo y consolidación de este sistema económico y socio-político.

Otro trabajo de singular importancia para el desarrollo de las ciencias sociales en occidente, es la historia de las religiones -La religión china: Confusionismo y Taoísmo, la religión en India: la sociología del Hinduismo y del Budismo, Judaísmo antiguo-, en el cual muestra el ascendiente social, político y cultural de las religiones en el plano individual y en la formación de la conciencia colectiva de diferentes culturas tanto en occidente como en oriente.

Más que una biografía detallada de la obra de este pensador de la política quisiera en estas líneas abordar aspectos relacionados con el ámbito de lo político, a la luz de las reflexiones Weberianas consignadas en trabajos como  El Político y el Científico, La Política como Profesión y La Burocracia e intentar abordar unas reflexiones sobre lo político-estadual en el contexto colombiano.

Para  Weber  el pensador del realismo político, la política es  “aspiración a la participación en el poder, o la influencia en la distribución del poder”, los fines del poder son o altruistas o egoístas, dicha aspiración se da al interior de los Estados o de los grupos humanos, pero la política siempre está movida por intereses.

La reflexión central de lo político en Weber refiere al Estado moderno, como relación de dominación, así lo expresa en El Político y el Científico, donde califica al Estado moderno como “asociación de dominio de tipo institucional, que en el interior de un territorio ha tratado con éxito de monopolizar la coacción física legítima como instrumento de dominio”.

El pensamiento político Weberiano da cuenta de la política como servicio y en eso  reconoce la tradición aristotélica, pero hace énfasis en la política como participación en el poder y como influencia, en este enfoque, nos remite a Maquiavelo, la política no sólo incorpora elementos de reflexión – ideas,  pensamientos e ideologías políticas-, la política implica las múltiples y variadas pasiones humanas, incluyendo el uso de fuerza, cuya expresión más racional y legal,  la ejerce el Estado de forma legítima.

Muchos de los conceptos que la moderna Ciencia Política ha incluido en sus distintas discursividades interpretativas de hechos y procesos políticos, hacen referencia a la obra de este pensador, la ética como responsabilidad social y la diferencia entre ética y política, el Estado moderno como el monopolizador legitimo de la fuerza, la burocracia como sistema de racionalización, pero igual, sistema de encuadramiento y dominación al punto que la denominó la moderna jaula de hierro.

Weber  asimila el eEstado desde lo institucional, el cual define un orden racional, que tiene efectos coactivos respecto al individuo y la comunidad, parte de esa racionalidad institucional, se basa en la diferencia entre la teoría general de lo jurídico y la teoría general de lo social.

La fuerza coercitiva del estado nace de su propio poder, de allí su capacidad para  monopolizar legalmente la fuerza.

Los tipos ideales Weberianos en la política como acción de dominación-tradicional, carismática y racional- se presentan de forma mezclada y compleja en la realidad, pese al esfuerzo de conceptualización y abstracción en los constructores teóricos de Weber.

Weber le apuesta a un tipo de democracia de corte plebiscitaria  que refuerce el papel del líder carismático, no obstante, no desconoce  que la racionalidad –tecno –legal y burocrática es la tendencia político estatal que predomina en el desarrollo de las sociedades modernas.

Weber es partidario de una democracia plebiscitaria con líder carismático, pero con contrapoderes como el peso que ejerce una burocracia racional y eficiente y un parlamento que sea capaz de controlar el desmedido poder de la burocracia.

El concepto de legitimación en Weber pasa por la asimilación que el individuo hace  del poder del líder o del poder institucionalizado, como máxima de actitud propia que se internaliza, pasando del poder de hecho al poder del derecho, ese orden jurídico externo internalizado  hace que los sujetos constitutivos del estado-nación acaten voluntariamente ese  orden como máxima de obediencia y legitimación del poder, ello opera en cualquiera de los tipos ideales de la cosmogonía Weberiana   -tradicional, carismática o racional  legal-.

Los poderes institucionalizados, el superior-orden constitucional -, o el inferior- la burocracia- no pueden ser reemplazados de forma indefinida por el uso de  la violencia institucional, por ello es necesario,  la existencia de un estado que encuentre en el derecho su fundamento de actuación.

Weber reclama un derecho formalizado que se ejerza bajo los presupuestos de abstracción y generalización, con unas reglas de tipo liberal propias del Estado de derecho de las sociedades burguesas.

El tipo ideal de Estado burgués en Weber,  pasa por el garantismo de derechos y responsabilidades respecto al ejercicio de funciones ciudadanas, es en el Estado de derecho  en donde se realizan las libertades individuales de cada ciudadano, esto asemeja  a Weber al pensamiento clásico liberal del siglo XIX, ello impide las tentaciones de la arbitrariedad  tan propias cuando se concentra el poder político.

No obstante, el pensamiento de corte liberal de Weber, es de anotar que el líder carismático como fuente legitimadora de poder  y el tipo de democracias publicitaria por la que abogaba en la Alemania de su tiempo, dio lugar al   despotismo autoritario de caudillismos arbitrarios, que hicieron caso omiso a los poderes y contrapoderes de control y regulación  en la concentración del poder del líder carismático.