Pedro Gallardo Vázquez
Universidad de Sevilla. Facultad de Ciencias de la Educación. Departamento de Teoría e Historia de la Educación y Pedagogía Social. C/ Camilo José Cela s/n. 41018 - Sevilla. Correo-e: pgallardo@us.es
Resumen. A lo largo del presente artículo abordaremos el tema de la educación ciudadana para la convivencia democrática. Tras hacer una referencia al concepto de ciudadanía y describir alguna de las dimensiones de los conceptos de ciudadanía más significativos que se ofrecen desde diversas disciplinas, hablaremos del valor de la educación ciudadana como “herramienta esencial” para aprender a convivir juntos en una sociedad cada vez más abierta, compleja y global, destacando la importancia de la educación para la tolerancia y la educación para la solidaridad como vía para la consecución de una verdadera convivencia social.
PALABRAS CLAVE: Ciudadanía, educación ciudadana, convivencia democrática, tolerancia, solidaridad.
Summary. Throughout this article we will deal with the topic of the citizen education for the democratic co-existence.
After mentioning the concept of citizenship describing it in relation to different subjects, we will follow talking about the value of the citizen education as an essential tool to learn how to live together in a more and more open-minded, complex and global society.
We will remark the importance of education to get tolerance and solidarity as well as a way of achieving a real social co-existence.
KEY WORDS: Citizenship, citizen education, democratic co-existence, tolerance, solidarity.
1. Introducción
En el mundo globalizado e interdependiente en el que vivimos, la solidaridad entre los pueblos aparece a menudo como un suplemento, en el mejor de los casos, una actividad que se ejerce ocasionalmente y que queda en manos de organizaciones especializadas en el campo de la ayuda humanitaria, pero no está integrada en la vida diaria de las personas.
Pensamos que, en esta época caracterizada por la globalización, la ciudadanía tiene que integrar la relación Norte-Sur no sólo en el terreno moral, sino en la acción social, en los problemas que, allí y aquí, hay que resolver para construir un mundo habitable donde la dignidad humana sea patrimonio de todos los hombres y mujeres que compartimos el planeta. Pero para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas europeos la relación con el Sur está ausente o deformada y sólo aparece vinculada a aspectos “añadidos” o “complementarios” (caridad, compasión, altruismo, asistencia..., cuando no interés económico o de “seguridad”...). Esta situación tiene efectos muy negativos porque debilita la acción ciudadana en su fundamental componente solidaria y, particularmente, la presión y movilización social que es necesaria para cambiar las relaciones Norte-Sur, reducir la brecha entre los países ricos y pobres, para construir una sociedad en la que no existan las actuales situaciones de injusticia, pobreza, desigualdad, marginación y exclusión social.
La solidaridad no consiste sólo en dar porque tenemos o porque nos sobra, aunque eso tenga buena intención; la solidaridad es un modo de vida, una actitud que debemos asumir no sólo en caso de emergencias originadas por situaciones de guerra, hambre, sequía, inundaciones, terremotos, ‘tsunamis’, huracanes, etc., sino también ante los diferentes problemas que afectan a otras personas: los próximos a nosotros, los de nuestra calle, barrio o ciudad, y también muchos otros que no conocemos, pero que necesitan nuestra ayuda, ayudándoles en la medida de nuestras posibilidades a solucionarlos.
La educación es el medio más adecuado para formar ciudadanos libres, democráticos, responsables y críticos, que contribuyan a la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y equitativa, donde exista la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, promoviendo valores, tales como: respeto, tolerancia, solidaridad, justicia, igualdad, ayuda, cooperación y cultura de paz, potenciando actitudes de respeto hacia la diversidad cultural, ideológica, política y de costumbres, y la no discriminación por razones sociales, de raza, religión o sexo, y fomentando la adquisición de normas sociales que posibiliten la convivencia de todas las personas en una sociedad libre, democrática, abierta, multicultural, plural y globalizada.
La tolerancia, entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una forma de ser y de actuar diferente a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es un valor de enorme importancia para la convivencia pacífica, plural y libre entre todas las personas en una sociedad cada vez más diversa tanto cultural como religiosamente, compuesta por hombres y mujeres de distintas nacionalidades, ideologías políticas, confesiones religiosas, etc.
La necesidad de una educación para la tolerancia deriva de un hecho fundamental de nuestro tiempo: la convivencia de diversas y aún opuestas concepciones del hombre, de la moral y de la política en el seno de las sociedades democráticas.
Educar para la tolerancia es fomentar sentimientos de confianza y respeto basados en el conocimiento. Aprender a ser tolerante es aprender a confiar y a respetar a quien es diferente porque su aspecto externo es distinto del nuestro o porque no piensa y actúa igual que nosotros, sobre todo si se encuentra en una posición de inferioridad o debilidad. Sólo se puede tener respeto y confianza en alguien a quien se conoce. Conocemos a los demás dándoles la ocasión de darse a conocer y escuchándoles, y también aproximándonos a su realidad e intentando comprenderla.
La solidaridad es una característica que define a las personas que se preocupan por las necesidades y los problemas de los demás y procuran ayudarlos en la medida de sus posibilidades, un valor universal que refleja la grandeza de las personas y también la grandeza de los pueblos ante las catástrofes naturales y las situaciones de emergencia que requieren la colaboración de los ciudadanos, organizaciones humanitarias y gobiernos de distintos países para ayudar a las poblaciones afectadas por los conflictos armados, graves inundaciones, etc.
La educación en y para la solidaridad persigue la implicación de todos los sectores sociales en la construcción de una sociedad multicultural, justa, tolerante, solidaria y equitativa, donde se respeten los Derechos Humanos y de ciudadanía de todas las personas que forman parte de ella. Está orientada hacia el compromiso y la acción transformadora y posee un fuerte componente autocrítico hacia las propias posiciones, hábitos y valores.
Educar en valores es ante todo educar para la libertad, la igualdad, la convivencia, la tolerancia, la solidaridad, la justicia y la paz.